viernes, 3 de diciembre de 2010

Dentro de la cabaña.

Me han dado el Segundo premio de relato breve de viajes, se publica el domingo 5/12/2010, en la Razón.

Agachado en el centro de la cabaña en penumbra, con una lasca y un pedernal, intentaba hacer fuego prendiendo un nido de esparto que tenía entre las manos. Antes había arrojado una flecha sobre un jabalí y le había acertado. Veinte pares de ojos estaban clavados en él, todos en silencio, esperando el milagro de la llama de fuego. Desnudo peludo y trabado, en cuclillas, ese ser, va a realizar el milagro de la creación del fuego.
Yo me transportaba a los tiempos de nuestros antecesores, todos agrupados en la cabaña como estamos ahora nosotros. Aquel ser seguramente no tenía nombre propio pero sus manos toscas y fuertes eran capaces de encender la llama de la luz.
Nuestro hombre no va desnudo, no es peludo y sus manos son finas. Es Juan, Juan se afana y todos casi sin respirar esperamos el milagro. Utiliza la misma técnica. Y con destreza después de unos minutos, sale humo y un ¡oh! profundo de tranquilidad, se oye al unísono. Probablemente un sonido parecido al que emitieron hace miles de años.
Lo ha conseguido, nuestros problemas se minimizan; tendremos luz, calor, cocinaremos los trozos de carne, destruiremos los residuos y ahuyentaremos a las bestias, eso debieron pensar nuestros padres de origen remoto. Por eso nos hipnotiza y fascina el fuego, lo llevamos en nuestros genes. Hoy es Juan quien lo ha conseguido, Juan es guía del parque temático de Atapuerca, dónde se escenifica la vida de nuestros ancestros.
Ahora, a mi me produce una sensación extraña de logro y curiosidad. Me entran unas ganas enormes de hacer yo el fuego, es una necesidad de conectar con lo más primario y ancestral de mi ser. Tengo que hacer fuego.
Después en las excavaciones, me acerco a la pared horadada y toco con respeto. Esas piedras de las excavaciones, me parecen casi mágicas, las han tocado aquellos homínidos u hombres, de los que parte nuestra evolución. Donde yo pongo la yema de mi dedo, la pusieron ellos, es como el túnel del tiempo hecho realidad. Solo en dos días me he transportado miles de años hacia nuestro origen. Nuestra tecnología nos explica y muestra muchos misterios de nuestra historia y nos responde a algunas preguntas. Otras siguen siendo material de incertidumbre.
Y así transcurre nuestra vida, a veces somos capaces de respondernos y otras solamente de inquietarnos. Atapuerca me ha cautivado y me ha dejado en la boca el regusto de lo arcaico y un olor a antigüedad
Me voy que voy a hacer fuego…