sábado, 7 de febrero de 2009

El mundo de Sorolla

Respirando el puro aire de la mañana sabatina, entramos suavemente en el mundo de Sorolla, paseando por su jardín, aspirando su aroma. Nos paramos en sus recovecos andaluces, en la fuente de las confidencias y debajo de su porche.
Nos introducimos poco a poco en su pintura con la disertación precisa de Marta. Sus estilos siempre en evolución, sus luces, sus colores, sus figuras y paisajes.
Los blancos llenos de matices, los grises liláceos.
Las vitrinas nos dan pistas de su gusto ecléctico y original.
De su carácter familiar y amoroso, nos hablan los ojos y la placidez de Clotilde.
Recorremos las estancias de cocinas, el estudio y subiendo por la magnífica escalera llegamos a la planta superior, en ella desfilan ante nuestros ojos, todas las regiones de aquella España folclórica, con sus imponentes figuras y sus miradas clavadas en nosotros.
Nos lo imaginamos en el comedor con toda la familia a su alrededor.
Gracias Clotilde por ceder este legado con el que nos deleitamos una mañana fría de Enero.