
Paseando por las calles de Kiel llegó a mis oídos un sonido mágico y extraño, al que no acertaba a poner nombre. Como los ratoncillos siguiendo al flautista de Hamelín, así fui yo siguiendo la estela del sonido hasta acercarme a un corrillo de gente, que tapaba literalmente al músico que lo emitía. Sentado en una simple silla en un lado de la calle, tocaba un instrumento que nunca había visto ni oído, era el Hang.
Encantada con su
Enamorada de su sonido, difícil es describir la sensación acústica que produce, metálico y armonioso, sugerente y evocador de timbres orientales. Lo elegí para acompañar mi web.

Hola Ana! Bueno acabas de darme una clave importante y abierme las puertas a una nueva música.
ResponderEliminarHace 3 años estuve en Amsterdam y allí sin más entre la multitud un sonido... un hombre escondido debajo de una capa que le tapaba hasta la cabeza, tocando tres hang´s... no sabiamos que intrumento era y tampoco podías acercate a el no sabíamos ni siquiera si había alguien debajo jeje...
Vendía cd´s y como en todo viaje una vez más pronuncié por mi boca la frase de a la vuelta le compro uno... y como siempre pasa... a la vuelta o estaba. Desde entonces aplico la frase no dejes para mañana (o para dentro de media hora) lo que puedas hacer... hoy...
Un beso
Rosa